A menos de una hora, el Océano Atlántico y sus infinitas playas de arena blanca bordean el litoral (dominado por la Duna de Pyla) y se pierden seguidamente ante la inmensidad del bosque de Landas, el más amplio macizo forestal de Europa. Un remanso de paz propicio para sus paseos y caminatas.
El bosque deja paso al viñedo y a sus 4.000 castillos, la viña se hace ahora omnipresente. Rodeada por el Médoc, las costas de Bourg y la Playa al Norte, por Saint-Emilion, Pomerol y Entre-deux-Mers al Este, y finalmente por Graves y Sauternais al Sur. Burdeos nos muestra sus viñas hasta el territorio de su aglomeración, donde aún quedan algunos castillos vitícolas prestigiosos.
El temp pasa... y si se lo pide el cuerpo, dése un paseo por el Périgord, cuna de la Prehistoria (como así lo atestiguan las rutas de Lascaux) y de inmensas ciudades y castillos medievales. Déjese tentar por la degustación del Coñac en carente, o del Armagnac en el País de d'Artagnan. Siguiendo por este camino, llegará naturalmente a las puertas de España, donde dudará entre particular encanto del País Vasco y el del Béarn, feudo de Enrique IV y de los espacios preservados de los Pirineos.
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